lunes, 23 de abril de 2018


CAMINANDO POR EL LÍMITE DE LA CIENCIA FICCIÓN
Mónica Marchesky

MR. ROBOT es una serie de televisión estadounidense, creada por Sam Esmail: guionista, director y productor televisivo. ​ Sin dudas es a nuestro entender, uno de los mejores guiones escritos de los últimos tiempos.  Se estrenó el 24 de junio de 2015.
Ha recibido el Premio Globo de Oro a la mejor serie.
¿Se podría decir que Mr. Robot es ciencia ficción? El universo tecnológico donde se desarrolla la historia, bien puede ser en un presente. Tenemos un ejemplo en Snowden que es una película biográfica, estrenada el 15 de setiembre de 2016 basada en un caso real, dirigida por Oliver Stone y escrita por Stone y Kieran Fitzgerald. Trata de Edward Snowden, un profesional de la informática estadounidense, que filtró información clasificada de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) a los principales medios de comunicación a partir de junio de 2013.
Entonces nos enteramos que estas cosas sí pueden suceder en nuestro universo presente real. Que existen hackers que tienen sus códigos para comunicarse: sombreros de colores, blanco, gris y negro, dependiendo de la calidad y transparencia del trabajo. Algunos ven a los protagonistas de Mr. Robot, como hackers de sombrero gris, porque si bien utilizan sus conocimientos para salvar al mundo, lo hacen de manera totalmente ilegal. Hay todo un mundo detrás de las grandes empresas de comunicación o de insumos tecnológicos. La seguridad informática es una meta que muchas veces no se logra o se logra a medias. Con un protocolo de seguridad encriptado, contraseñas seguras y un sistema de respaldo remoto, se podría alcanzar niveles estándares de seguridad. La protección de datos que antes eran (confidenciales), lleva a las empresas a protegerse de piratas informáticos, a mover continuamente los datos y transferirlos a distintas bases. Nos enteramos que nuestros datos “colgados” inocentemente en la red pueden llegar a lugares inimaginables. La vulnerabilidad de la red Internet es algo que nos hace pensar dos veces antes de involucrarnos.
Un ejemplo de este sentimiento lo vemos en el diálogo de Elliot con la sicóloga: “Sociedad de mierda”:
-¿Qué es lo que tanto te decepciona de la sociedad? –le pregunta la sicóloga.
            -Oh, no lo sé…es porque todos pensamos que Steve Jobs era un gran hombre, a pesar de que sabemos que hizo miles de millones a costa de niños…o puede que sea porque todos nuestros héroes son un fraude. El mundo en sí mismo es una gran mentira. Nos boicoteamos unos a otros con nuestros comentarios de mierda, disfrazándonos con perspicacia. Nuestra red social finge ser algo íntimo. No es que votamos por eso, no con nuestras elecciones fraudulentas, sino con nuestras cosas, nuestras pertenencias, nuestro dinero, no digo nada nuevo, todos sabemos por qué hacemos lo que hacemos. No porque “Los juegos del hambre” nos hagan felices, sino porque queremos estar sedados, porque resulta dudoso no fingir, ¡porque somos cobardes! ¡Sociedad de mierda!
Luego de esto nos enteramos que ese parlamento en realidad es lo que piensa y no lo que dice, en realidad no dice nada, se dice a sí mismo.
El guión de Mr. Robot, nos presenta a personajes que bien pueden ser nuestros vecinos. Elliot Alderson, ingeniero, trabaja en una empresa de seguridad informática. Tiene todas las herramientas necesarias para hacer de su trabajo una causa de buena voluntad. En principio trata de “proteger” a las personas con las cuales simpatiza; pero en determinado momento se cruza en su camino un grupo de hackers que tienen la idea de cambiar el mundo, que quieren destruir a los empresarios de multinacionales que están de alguna forma dominando la voluntad de las personas. Muy idealista, pero muy real. Vemos también la temática de la generación millenials, donde la tecnología para ellos es cosa de todos los días, manejan una terminología asociada a los medios sociales con una naturalidad que nos sorprende. La incredulidad y la no aceptación de los regímenes políticos son parte de su descreimiento hacia la sociedad. Y están seguros de que el mundo cambia de aquí a cinco años, motivo por el cual un puesto en una empresa es un valor agregado hoy, pero puede ser cambiado por otro mañana. Esto lo vemos en el díalogo que mantiene el personaje que representa la estadounidense Portia Doubleday: Angela Moss. Enigmática, ambiciosa, en un papel donde presenta a la mujer dentro de las grandes empresas, con Shayla:
            -¿No estás preocupada? –pregunta Angela a Shayla.
- ¿Preocupada por qué?
-No lo sé. Siempre me preocupo antes de comenzar un nuevo trabajo.
-No. Definitivamente no estoy preocupada. La preocupación es una pérdida de tiempo. Quiero decir, la mierda no funcionó en un trabajo, así que conseguí otro. ¡Eso es todo! Te preocupas mucho, ¿verdad?
-Sí –contesta Angela.
El fin justifica los medios en gran medida y es eso lo que vemos por ejemplo en el personaje que interpreta el sueco Martin Wallström: Tyrell Wellick. Un personaje ambicioso dentro de la Corporación; capaz de matar para conseguir un puesto ejecutivo.
(…) Hice algo tremendo con algo tan simple. Los primeros 10 segundos fueron incómodos, como si estuviera en el limbo, pero después tus músculos se tensan, y ella se retuerce y pelea, pero esa casi llega a desaparecer junto con todo lo demás en el mundo. En ese momento solo estás tú y.… el poder absoluto, nada más. Ese momento está dentro de mí.
La personalidad de Elliot es una de las atracciones de la trama: paranoico, drogadicto, adicto a la morfina, eso hace que se aísle de la sociedad y se vaya metiendo de a poco en un submundo que le va a ser muy difícil salir. Una cosa lleva a la otra y aquella visión del personaje, inteligente, y en parte protector de su entorno, se vuelve cada mes más oscura y caótica. Vemos la caída y deterioro del personaje (héroe) hacia una red de drogas, prostitución y tráfico de todo tipo. En cuanto a los personajes secundarios son movibles, tienen vida, modifican su comportamiento, a veces los vemos en situaciones de mejoría y deterioro a la vez. Son contradictorios, deben tomar decisiones precisas para poder sobrevivir en un mundo estratégico y cruel. Llegan muchas veces a un límite sin escapatoria, en definitiva, son personajes vivos.
Como espectadores, queremos Elliot se recupere, que salga de ese mundo, que vuelva a tener una vida, nos cae simpático a pesar de tener un gesto inexpresivo. Nos metemos en esa cabeza paranoica y salimos una cantidad de veces. En un momento quiere tener un perro, y decimos, caramba que bueno, que gesto, ahora parece que se está volviendo humano, pero en otra instancia vemos que el perrito desaparece, sin pena ni gloria y volvemos a tener un sentimiento de lástima hacia el personaje. Esos altibajos, solo los buenos guiones nos pueden hacer sentir.
En cuanto al tiempo narrativo y el tiempo interno es como un juego. En determinado momento estamos viviendo en la cabeza del personaje su pensamiento como si fuera realidad. Nos acordamos del manejo del tiempo de Ambrose Bierce por ejemplo en el cuento “El incidente del puente del búho” donde realidad y pensamiento se mezclan. A veces no sabemos si lo que estamos viendo es la realidad, son producto de la droga, o es la cabeza del personaje que en su esquizofrenia “rearma” su propia identidad. Un personaje bien delineado, que en la piel de Rami Malek, estadounidense, de origen griego, cobra vida, sufre, descubre, confía, ama, traiciona, recuerda y vive inmerso en su mundo burbuja.
En cuanto al universo que se mueve el personaje, nos preguntamos alguna vez ¿Por qué hay una chica musulmana en la historia? Entonces vamos a la biografía de Sam Esmail y nos damos cuenta que hay muchos puntos de contacto entre el guión y su realidad de escritor en el mundo. Mientras estudiaba, tuvo contacto con el mundo informático y es de familia egipcia y musulmana, de Nueva Jersey. Entonces ese universo ahora nos cierra. Nos cierra además la visión de personajes secundarios marginados, escindidos, que forman parte de una gran minoría.
Entonces, ¿encontramos algo de ciencia ficción en Mr. Robot?, sí encontramos la temática post-ciberpunk. Los personajes se mueven en submundos, muchas veces desagradables y problemáticos, oscuros, sin moral, ilegales y patéticos. La desesperanza es en parte una mirada al futuro, a lo que vendrá. ¿Existirá el amor? ¿Cómo serán las relaciones familiares? ¿Cuánto hay que arriesgarse para conservar un amigo? Existe el tráfico informático. Pero a su vez tienen sus buenas vidas, sus necesidades básicas están colmadas, una característica del post-ciberpunk. Y si bien es una historia proyectiva, transcurre en un futuro cercano. Con referencias y “guiños” como éste, aparentemente inocente grafiti en la pared que hace referencia a 1984 de George Orwel.



Todo este mundo informático, de hackers, de corporaciones y personajes comprometidos socialmente, donde se mueven dentro de Tor (The Onion Router), un tipo de Red Oscura, tiene el broche de oro con la música de la serie a cargo de Frederick MacDonald Quayle más conocido como Mac Quayle. Ganador del Emmy y nominado al Grammy. Actualmente está componiendo la música de "American Horror Story: Cult".
Cuando la música de una serie “se oye” por encima de un buen guion, es algo para tener en cuenta.

Mónica Marchesky
Publicado en revista Teoría Omicrón (Ecuador)



lunes, 15 de enero de 2018

SENTIDOS ALTERADOS

Nunca me atrajo “explicar” los cuentos, pero en este caso, como vi que la crítica había pasado por alto algún detalle, me dedicaré a expresar lo que quiero que vean.
En primer lugar, el cuento es una distopía indirecta: distopía porque si bien hay avances tecnológicos, la visión negativa para el ser humano de esa sociedad se da en el correr del cuento y la trama descripta no es un compendio de enfrentamientos al sistema, sino que el personaje acepta, sin agrado, pero acepta lo que le ha tocado vivir.
Ahora bien, no me gustan los personajes débiles, me gustan los personajes fuertes, pero si era distopía indirecta como me había propuesto realizar desde un principio, ¿Cómo lograrlo sin enfrentamiento? Y seguir siendo una distopía indirecta…
Pues la idea me daba vueltas en la cabeza y no tenía respuesta, hasta que un día, me levanté muy temprano y escuché el canto de un pájaro y para mí fue sublime. Entonces inmediatamente se resolvió el caso.
Sería una distopía indirecta, el personaje no se levantaría contra el sistema, pero, detrás de todos los cánones siempre hay una conspiración. “La Resistencia” es un recurso muy utilizado, que casi siempre dio buenos resultados. Y como esa Resistencia se llame “Nostromo” el resultado sería asegurado. ¿Por qué Nostromo? Bueno, es un guiño a la nave espacial ficticia que aparece en la película Alien, el octavo pasajero. El nombre de la nave a su vez fue tomado de la novela homónima del autor inglés de origen polaco Joseph Conrad "Nostromo. Una historia del litoral".
Entonces ese Nostromo, haría que nuestro personaje que no quería levantarse contra el sistema, termine conspirando, tal vez sin darse cuenta al principio. Y lo que empezó como indirecto, terminaría como directo.
En segundo lugar, hay un tema de robo de información del futuro hacia el presente. Robo de materiales y de tecnología.
En tercer lugar, hay un tema genético, donde los dos personajes masculinos, son gemelos engendrados por el mismo cigoto, pero si bien, se ven iguales, no se reconocen hermanos. No existe ese sentimiento filial de los hermanos.
Véase además toda la temática sobre la contaminación sonora de los avisos callejeros, las actualizaciones sexuales de una prostituta y la estupidez mediática de los celulares, arraigados en la sociedad masa, gris y sin conciencia que caminan como una mentalidad enjambre por las veredas. Y de paso, toda la gama de drogas que son consumidas legalmente.





Mónica Marchesky
Publicado en Ruido Blanco 5 Cuentos de Ciencia Ficción de autores uruguayos.

SENTIDOS ALTERADOS
Una angustia inexplicable lo atrapó justo en el momento que terminaba el diseño molecular del VR16, un aislante que tenía la cualidad de reconstituirse. El mismo sería utilizado para proteger los parches delanteros de las ruedas de los vehículos, actualmente vandalizados. Tenían un sistema de flotación muy costoso que vendido en el mercado negro, era el negocio de los deslizadores y de ladrones tecnológicos de todo lo que se mantenía suspendido.
Silencio, oscuridad total y el olor a humedad de las paredes de la casa de 25 de Mayo 678, escondido debajo de la cama, las baldosas frías pegándose a su piel. Sabía que ese era el último recuerdo que saltaba antes de ser borrada su memoria inmediata. La utilización de humanos modificados genéticamente era un recurso muy apreciado por las corporaciones que trataban de resguardar sus fórmulas de materiales creados en laboratorio. Cada vez que se llegaba a un nuevo material, más resistente y comercializable, los técnicos que habían estado en el proyecto, debían de pasar por un “puesta a punto”.
Los movimientos que realizaba, eran repelido por minúsculas cucarachas electrónicas que lo mantenían prisionero como en una red. No podía asociar una idea, pero lo dominaba la euforia neurotransmisora de la adrenalina. Un frío de muerte le invadió el cerebro. Ya había pasado por esto otras veces, entonces, abandonó su resistencia y dejó que los pequeños monstruos trabajaran.
En un instante las cucarachas metálicas lo liberaron y se encontró solo, en una habitación muy clara. Los elementos que lo rodeaban, se habían retraído hacia las paredes, piso y techo.
 Las pocas imágenes que habían surgido, se fueron tan rápidamente como llegaron.  Sintió cómo las redes neuronales se comunicaban, tratando de buscarse, de conectarse, de sobrevivir en su cabeza.
Primero fue la asociación de palabras a imágenes, luego el reconocimiento de distintos lenguajes. Sintetizó y comprendió los algoritmos de análisis de fotografías, diagramas y videos, memorizó las técnicas para el despliegue visual de información cuantitativa y estructurada.
En la sala de recuperación encontró su ropa, se miró al espejo de cuerpo entero y si bien conservaba buena musculatura, sus ojos denunciaban cansancio. Luego de vestirse, se colocó la gabardina negra que se le adhería al cuerpo y era su sello distintivo y salió a la noche.
La calle era un mar de coches suspendidos a una altura de un metro sobre el nivel de la vía. Una leve llovizna caía como una cortina impenetrable. Muchas luces de neón abrazaban un crepúsculo azul-rojizo. Algunos coches llevaban “enganchados” por cables a jóvenes en patinetas. Esto era todo un problema para los automovilistas. Las bandas urbanas utilizaban este método para robar el material de las ruedas delanteras de los vehículos, que mantenían el equilibrio. Drive metió las manos en los bolsillos de la gabardina y encontró un plástico holográfico con una invitación a un evento. Rasgos asiáticos le proponían una velada inolvidable en el “Pavo Verde”.
Recordó a Nanette, una prostituta de unos treinta años, como él,  que había conocido hacía algunas noches en un bar. Buscó el luminoso y lo divisó entre un mar de avisos de refrescos energizantes. Un par de gorilas musculosos estaban en la puerta, mostró su invitación y sin mirarlos, entró. El lugar era de una altura incalculable, las gradas se elevaban como escaleras hacia el techo, en forma de cola de pavo real y allá arriba, sobre un pedestal, estaba la mujer, con un vestido blanco ajustado al cuerpo y salpicado de rosas rojas. Un tocado de plumas blancas y verdes, artificiales, coronaban la cabeza castaña de cabellos sueltos hasta la cintura. Toda ella era una especie de muñeca que se mantenía tiesa sobre unos treinta metros. Allá abajo y a su alrededor, la multitud en silencio escuchaba su voz de pájaro herido. Toda la escena bañada en luces difusas, hacía el ambiente irreal, como si los espectadores fueran un cementerio de almas amontonadas y grises a la espera de la salvación. En pocos minutos, la música melancólica, dio paso a un ritmo electrónico y las rosas del vestido, saltaron hacia la multitud. Los hombres comenzaron una lucha por atrapar las rosas ya que en realidad eran la última versión de Nanette que ajustadas a sus relojes electrónicos, los harían vivir una experiencia sexual inolvidable. El emisor transmitía una sola vez y luego se desintegraba, pero valía la pena entrar en una trifulca por un acto sexual virtual con una puta asiática.
Salió nuevamente a la calle, sin su rosa. Los luminosos emitían sonidos en distintas frecuencias. Hombres morenos abrazaban a imberbes adolescentes, promocionando una fragancia de abeja transgénica de color dorado. Seres andróginos y albinos manifestaban con gestos que el salmón de la india era el mejor afrodisíaco. Mujeres latinas, de anchas caderas y enormes senos eran ridiculizadas, como yeguas al matadero, en una orden de mal gusto. En contraposición hacían su entrada mujeres lampiñas, de una languidez increíble y estúpida mirada provocadora. Translúcidas de tan blancas, la boca pintada de rojo intenso, hacía que los hombres deliraran como una fruta jugosa donde colocar su humanidad. Los sentidos eran excitados al límite a través de los luminosos, despidiendo aromas afrodisíacos, y sonidos subliminales. Todo este festín, agregados los roces electrónicos entre los coches y los piquetes de los enganches, le pegaron  en el estómago. No podía acostumbrarse a la contaminación sonora. Se colocó sus protectores auditivos y visuales. Era una experiencia distinta, el hueco de los luminosos, ahora grises se multiplicaba en la calle como nichos de muerte. Mientras en las pequeñas aceras, la especie humana, como una masa silenciosa, discurría su vida conectada a mundos mediáticos…
Recorrió un trecho antes de llamar desde el teclado incrustado en su brazo a Tjor, su gemelo, reconocido por su musculatura y una voz profunda. Tjor estaba embarcado en un proyecto de robo de tecnología industrial del futuro. Quedaron de verse en el bar de siempre. Había salido hacía unos días de una misión y no se encontraba muy bien. Andaba errático, malhumorado, irritable, pero aceptó verse con él. Desactivó su bloqueo sonoro y visual ya que dentro del bar no era necesario. Además, el ambiente era un antro en el que Drive se sentía muy a gusto. Fumadores de distintas hierbas se aislaban en cubículos de vidrio con una boca que se abría hacia el techo a cielo abierto. Parecían inmersos en nubes, conversando animadamente, absorbiendo cada uno su propia medicina. Marihuana,  Fenciclidina, Éxtasis, Mescalina, Lsd se visualizaba en la puerta de cada elemento aislante.
Tjor se sentó a su lado en la barra de madera protegida por un polímero sintético, lo miró a través de la franja espejada detrás del barman.  
            -¿Cómo te sientes? –preguntó Drive
            -Como si me hubieran incrustado agujas en el cerebro –contestó Tjor y ¿tu? Supe que estabas en laboratorio de diseño.
            -¡Eufórico! como si hubiera ingerido una gran dosis de droga alucinógena.
            -Es natural, después de la “puesta a punto” –contestó Tjor sin mirarlo.
            -Sí, no me acostumbro –dijo Drive a la vez que un golpe de imágenes lo asaltó. Se sintió flotar y reconoció la tarde de un día cualquiera en un pueblo cualquiera. Recordó la cara ingenua de una adolescente y el fervor de las hormonas fluyendo a borbotones, derramándose en el interior de un coche, mientras un atardecer rojo furioso lograba insertarse entre sus ojos hasta desaparecer. –Tengo recuerdos- agregó.
            -Yo también, pero los míos son con las malditas placas cerámicas superconductoras industriales, me transportan a una experiencia virtual, donde los sentidos están alterados en forma sintética.
            -Mis recuerdos están mezclados no los reconozco –dijo Drive dubitativo- de una invasión alienígena…-agregó.
            -Me encuentro con una maquinaria extraña que me recorre con sus garfios fríos y metálicos, hasta que comienza a incrustarme en la carne, agujas y es cuando el grito me traslada de nuevo a mi punto de origen –dice Tjor.
            -Los alienígenas son seres de aspecto terrorífico, sin ojos, con grandes garras y una cola como pivote. Con una descarga eléctrica de esa cola puede quemarte las entrañas. No tienen piel como la nuestra, son como escamas que forman una capa protectora. Las escamas se comportan de forma increíble ante un láser, se funden, se aglomeran en colonias –siguió Drive en soliloquio.
            -La experiencia me resulta excitante,  entonces mi curiosidad me lleva a utilizar otra vez las malditas placas; pero en la última incursión, la máquina me plantó órganos y dispositivos electrónicos, transformándome en un miserable cybor, híbrido con poderes especiales. No puedo hacer más una vida normal Drive…los dispositivos son muy adelantados para la época en que vivimos y tengo un conflicto temporal que no puedo resolver.
            -Puede que en algún momento te alcance una actualización de diseño de las placas.
            -los órganos implantados son como carbones, no funcionan en este ambiente. En algunos espacios cuánticos se pueden ajustar, pero…
            -Los alienígenas –continúa Drive retomando su pensamiento- se reproducen a través de huevos ciliados y una campana que utilizan para trasladarse como un gran pulmón que los impulsa –sigue, cada vez más animado-. Quiere escupir todo aquello, sacárselo de encima.
            -Pueden ser imágenes basura –acota Tjor, sin interés, bebiendo su copa verde humeante.
            -El pulmón impulsor se transforma luego en cerebro, los cilios en prolongaciones eléctricas que terminan en su cola y el huevo es el cuerpo, su transformación es tan rápida que no me deja lugar a dudas que son colonizadores.
            -¿Cuánto tiempo hace que estás con los diseños de materiales? –Pregunta Tjor. Me han comentado que los recuerdos que insertan las máquinas son aleatorios, puede que ni te pertenezcan, que sean sacados de la base de datos global.
            -Creo que ya es hora de retirarme, me ha quedado demasiada basura sin barrer. Los autómatas no están haciendo bien su trabajo. Además, me han instalado la actualización RB5 y me han dado un instructivo por si me asalta la idea de auto- eliminarme. Drive apuró su trago azul, donde se manifestaban imágenes de galaxias.
            -Nunca estuve con los diseños de materiales, lo que te puedo decir es que estos          viajes hacia el futuro me están contaminando. Tal vez me encuentre con tus alienígenas –bromeó Tjor.
Siguieron un rato más vaciándose de fantasmas, uno eufórico, otro deprimido; habían nacido de ambientes incubados, fecundados por un mismo cigoto, por lo que todos esos recuerdos, sin duda no les pertenecían. ¿O sí? Se reconocían idénticos, pero no se sabían hermanos. Luego, se fueron cada uno por su lado, sin saludarse, tal vez se encontraran otra vez, tal vez no.
Al ingresar a su vivienda, y pasar por el reconocimiento facial, se encendieron automáticamente en las paredes, avisos de productos salidos al mercado en las últimas horas. Un informante se debatía entre dos noticias: un terremoto que había arrasado las costas de Sudáfrica y una asonada con bombas químicas en Medio Oriente. Ya ni se sabía por qué motivo se enfrentaban en esa zona, pero el conflicto seguía en un interminable y grotesco evento aparatoso. Las grandes potencias se habían retirado de la zona de conflicto hacía ya mucho tiempo, aislándola, pero aún se seguían emitiendo noticias al respecto. Se dirigió directamente a la sala de protección. Era imposible desconectar los elementos electrónicos. Había toda una industria para burlar a las cámaras, a las pantallas, a los micrófonos y autómatas que se habían metido en las casas. Drive, como la mayoría, se había hecho construir un espacio libre de sonidos y de ojos vigilantes. Estaba prohibido salirse del sistema, pero con software que mantenía atento a las cámaras, estaba seguro de tener la tranquilidad que necesitaba. Se había desarrollado una fiebre por verlo todo, por controlar lo que todos hacían: dónde iban, que comían, a qué velocidad debían conducir, si caminaban o corrían, que ropa usaban. La sociedad opresiva no dejaba más que transitar por caminos ilegales. Robos y asesinatos siguieron existiendo, con distintas modalidades y recursos. Sin duda era la adaptación al hábitat la que los mantenía vivos.
En su zona de confort, Drive se preparó algo de comer, envasado como casi todo lo que se consumía. Los alimentos transgénicos dominaban el mercado. Drive había nacido en ese ambiente, no conoció el “natural” que esgrimían los archivos antiguos. Se había discontinuado el software que detectaba la secuencia natural del ADN de los productos, ya no era necesario, la secuencia “implantada” era ahora la “natural”.
Pensó en una mujer y un niño que lo estaban esperando en casa. (Aunque sabía que esos recuerdos no le pertenecían, ya que los había comprado a bajo precio en el mercado negro latinoamericano, se habían transformado en propios). Pronto terminaría el trabajo “extra” por el que había sido contratado por dos años. Era mucho tiempo fuera de casa. Uruguay era un lugar muy lejano a este EURSS, que se había creado luego de la unificación de Estados Unidos y Rusia.
La última vez que vio a Tjor se tambaleaba como ebrio y no lo reconoció. Su rostro era mitad máquina, mitad sintético. Sus manos eran muñones con agujeros, como la boca de una ametralladora.
Después de unos días de descanso, Drive fue llamado nuevamente al centro de diseño. Su implante con una inteligencia superior, fue activado. Esta vez el material a diseñar, era una forma de escudo, como escamas azules que se superponían unas a otras. El proyecto le fue presentado en forma holográfica, querían hacerlo más resistente al que se tenía actualmente, pero Drive, a través de sus visiones y recuerdos implantados ya tenía parte del trabajo desarrollado.    
Un coche lo recogió en la puerta, no había dormido bien la noche anterior. En la grabación de su familia, pasada una y otra vez, había algo distinto. Pensó que la última actualización no era la correcta, porque al terminar de compartir con ellos una mañana de verano en el jardín, junto al lago, como tantas otras veces; se hizo oír de pronto el canto de un pájaro que no había escuchado antes. Era un sonido monótono y repetitivo, pero no desagradable.
Su implante con una inteligencia superior, le fue activado. Esta vez el material a diseñar, era una forma de escudo, como escamas azules que se superponían unas a otras. El proyecto le fue presentado en forma holográfica, querían hacerlo más resistente al que se tenía actualmente, pero Drive, a través de sus visiones y recuerdos implantados ya tenía parte del trabajo desarrollado.
La sesión de diseño fue agotadora, apenas pudo dormir en tres días unos pocos minutos. Los escudos resultaron lo que se esperaba y pasó a la habitación de “puesta a punto”, como siempre, como desde que tenía razón de sí mismo. Solo que esta vez las cucarachas no lograron borrar las fórmulas, las conexiones, los materiales desarrollados seguían en su cabeza luego de que se encontrara debajo de la cama de la casa húmeda de la calle 25 de Mayo 678. Ese siempre había sido su último recuerdo, pero esta vez, todo seguía allí, como seguía en su cabeza el canto del pájaro con su código. Al salir a la calle, no llovía, una niebla era partícipe de su desconcierto. No llamó a Tjor, sabía que sería inútil. Se paseó entre la gente, se dejó arrastrar por la masa babeante que se derretía ante sus visores de colores. Llegó al bar de siempre, pidió su trago azul, como siempre, se detuvo a observar a su alrededor, todo aparentemente seguía allí.
En un momento se le acercó un hombre esmirriado y con lentes casi invisibles, conectado a la red y le extendió un auricular. Se solía compartir todo tipo de información con desconocidos, era natural, la red era muy amplia y libre, así que Drive se colocó el auricular a su oreja derecha y entonces el código del pájaro se hizo sentir, esta vez con más intensidad y se desplegaron ante sus ojos los recuerdos de la última sesión de diseño. Vio cómo los seres ciliados y sin ojos lo manipulaban, lo conectaban a máquinas y tubos que nunca, luego de la “puesta a punto”, había recordado. Eran los seres colonizadores de sus visiones, eran los alienígenas que había visto en sueños, los mismos que necesitaban un escudo más fuerte para sus trajes. Al instante otro hombre, también esmirriado, pero más joven se le colocó a su lado y entre los dos hombres le dijeron: Bienvenido a “Nostromo”, somos la resistencia -agregaron.

viernes, 15 de septiembre de 2017

LA ESFERA ROMUALDO

Mónica Marchesky


Nuestra vida discurrirá como un sueño y será un beso eterno.
“La muerta enamorada”
Theóphile Gautier

Corría el año 1836 cuando Clarimonda despertó y se encontró enterrada en el cementerio de la Abadía. Romualdo, estaba desconsolado por su muerte. Ella, como toda mujer vampiro, había violado la primera enmienda de los vampiros que dice: “No debemos enamorarnos de nuestros recursos”. Pero, éste recurso, era lo que ella necesitaba, su sangre, sus modales y cumplidos, era algo que no estaba acostumbrada a recibir, sobre todo esa sangre, dulce, con aroma a pecado, esa sangre maldita por la decisión de convertirse en sacerdote, era algo que, a ella, al jugar con lo prohibido, la enloquecía.
Clarimonda era hermosa; sus cabellos, de un rubio claro, caían sobre sus hombros; las negras pestañas, contrastaban con las pupilas verde mar. Una mirada penetrante y cautivadora. Imposible resistirse.
Lo visitaba de noche para succionar una gota de su sangre, que era el elixir que la mantenía viva, a pesar de estar muerta. No era cualquier sangre, era la de un pecador. En uno de esos días y mientras él dormía, le arrancó unos cabellos de raíz, le cortó algunas uñas y le extrajo sangre que guardó en una pequeña esfera de ámbar. Lo llevaría siempre con ella. El tiempo pasó y ella siguió visitándolo como de costumbre. Un día, se encontró con que ladrones habían entrado a la mansión de su amado, destrozándolo todo, buscando sin duda monedas de oro y joyas.
El pobre Romualdo estaba tendido boca abajo, con un golpe en la cabeza. Su muerte fue un hecho embarazoso, ya que ella lo quería vivo. Nunca pensó que moriría tan estúpidamente. Esa muerte decadente la llenó de hastío. Su Romualdo requería una muerte más aparatosa, más espectacular y sin embargo allí estaba con su bata a media pierna, el cabeza ensangrentado y en sus dedos, enredado, un rosario de cuentas. ¿Qué estaría haciendo? ¿Rezando por sus pecados? Eso la cautivó aún más y deseó poseer su sangre como nunca antes.
 Destrozada Clarimonda se mudó de Venecia a Londres, allí buscaría otro Romualdo, aunque no podría llegar a sustituirlo nunca. Él había tenido su propio conflicto interno con la iglesia, con las tentaciones y con su humanidad. Sus devaneos con el placer lo mantenían despierto hasta altas horas. Esa noche fatídica lo encontró caminando por su habitación mesándose los cabellos, cuestionándose, sintiendo la voz del Abad que le decía: ¡Ten cuidado con las tentaciones!, hasta que cayó rendido. No oyó a los intrusos.
Pasaron muchos años y en el Londres Victoriano, Clarimonda tuvo una gran cantidad de amantes, pero ninguno como su Romualdo. Pequeños mecanismos eran sus asociados. Relojes de oro con una música celestial eran sus regalos favoritos; la música los encantaba, los dejaba indefensos a sus deseos. Se movía en el submundo londinense como ave de caza.

Guardaba con recelo, dentro de una caja minuciosamente labrada en roble, la esfera de ámbar con los datos genéticos de su Romualdo. Un día, pasó a visitarla una vieja bruja conocida de su madre. La visita de la vieja en realidad fue para ver si podía robar algo de la casa y venderlo a los gitanos de los antros oscuros de Londres. No se equivocó, en un descuido de Clarimonda, la astuta extrajo la esfera de ámbar, la tomó en sus manos y los arabescos que formaban la sangre, los cabellos y las uñas del infortunado Romualdo, parecían hermosas amapolas atrapadas dentro de su ambiente transparente. Sin duda sacaría una buena suma por esas flores en las tiendas de los traficantes de objetos raros.
Clarimonda no desconfió nada hasta muchos meses después, cuando descubrió la falta de la esfera. Recordó entonces a la vieja astuta, conocida de su madre; la bruja era una de las vampiros más experimentadas en las lides del engaño. La convocó a una reunión, pero la susodicha no concurrió, envió a un emisario, quien le dijo que el objeto que Clarimonda buscaba, lo había vendido a un gitano húngaro hacía tres meses. Era un milagro que aun estuviese en su poder.
Los gitanos húngaros –pensó Clarimonda- difícilmente salen de su territorio, a lo sumo a Ucrania o Checoeslovaquia. Comenzó entonces su búsqueda, no sin antes enviarle un mensaje a la vieja con el emisario que decía: tú y yo arreglaremos cuentas más tarde.
Bajó al sótano donde tenía una especie de altar, era el lugar de meditación y se dispuso a buscar en qué lugar se encontraban ahora los gitanos. Una pira con agua era su visor de mundos. Los encontró en la región de Debecen en Hungría. Se trasladó en presencia espiritual ante el gitano y supo que la esfera había sido vendida a un anticuario serbio de Belgrade.
En Serbia tenía un viejo conocido: Peter Plogojowitz. Recurrió a él, sabiendo que no la defraudaría. Su porte enigmático y joven la había atraído siempre; en el pasado compartieron un ágape de varios días y se prometieron volver a verse. De eso había pasado ya algún tiempo. Peter sumó fuerzas con Clarimonda para buscar la esfera de Romualdo. El vampiro no entendía, por qué motivos su colega buscaba los datos de un mortal, era algo que a veces lo desconcertaba de las mujeres de su especie. Eran jóvenes hermosas, con una fuerza para contener sus impulsos y ver cómo el tiempo transcurre a su alrededor; pero algunas eran unas románticas empedernidas que morían por príncipes inalcanzables o como Clarimonda, que adoraba a un sacerdote pecador.
El anticuario de Belgrade, tenía la esfera a buen resguardo, bajo llave, en una vitrina donde se podían ver las amapolas a trasluz. Pedía un precio elevadísimo por la rareza. Los dos se presentaron en la noche, cuando las sombras los ocultaban y robaron la Romualdo que le pertenecía a Clarimonda. Al tenerla entre sus manos revivió todo el amor que sintió entonces, y toda la pasión que seguía sintiendo por él.
Peter, al ver que ella se consumía, le propuso visitar la casa de un gran amigo suyo en Alemania. Clarimonda lo siguió. La zona donde se encontraba el castillo, era un vasto bosque rodeado de niebla que salía de las lagunas. La mole destacaba sobre una colina. Por las aberturas que se veían, parecía tener más de cien habitaciones, cada una alhajada con distintos colores y cuadros de ancestros. Y en la sala, un enorme jarrón de rosas amarillas. Había pasado mucho tiempo desde la muerte de su Romualdo.
Al llegar al Castillo, los recibió el anfitrión en persona, era un hombre canoso, de aspecto prolijo y reservado. Luego de las presentaciones y saludos de bienvenida, ambos hombres se retiraron a la biblioteca por unos minutos, al cabo de los mismos, la convocaron a que se sumara a la reunión. Peter lo había puesto al tanto del sufrimiento de la bella. 
El hombre quedó impresionado con su mirada y atinó a proponerle un trato para rescatar a su Romualdo. Tendrían que bajar a las catacumbas del Castillo, donde estaba instalado un avanzado laboratorio, con los últimos adelantos científicos y tecnológicos. Al bajar por el ascensor, pudieron ver un mar de personas vestidos de distintos colores que se desplazaban como hormigas por todo el recinto.
            -Hay trabajadores de distintos proyectos científicos, japoneses, alemanes, franceses y de casi todos los puntos del planeta. Le devolveremos la vida a tu pícaro sacerdote –dijo el canoso a la vez que los hacia descender hacia la planta del laboratorio.
Clarimonda apretaba La Romualdo entre sus senos. Los ojos asombrados de los dos  quedaron pegados en las cápsulas de vidrio donde se veían cuerpos desnudos sumergidos en un líquido incoloro. El hombre les presentó varios experimentos que se estaban desarrollando. Para el caso que los preocupaba, se dirigieron directamente al área del color rojo.
            -Debes entregar la esfera –dijo- todo va a salir bien, agregó.
Ella la depositó sobre una cinta transportadora y en un segundo desapareció dentro de una gran cápsula.
            -Serán mis huéspedes por unos meses hasta que el proceso termine.
Y así fue, durante unos meses, Clarimonda y Peter fueron agasajados por su anfitrión. El castillo era enorme, nunca en todo el tiempo que tuvieron pudieron recorrerlo en su totalidad. La fiesta de bienvenida fue una bacanal con mucho lujo. Llegaron invitados de todas partes; eran personas influyentes que ocupaban cargos importantes en la sociedad. Todos vampiros. Todos sedientos de conocer a la Clarimonda de Venecia, que se integraba a la comunidad.
Los días posteriores fueron más tranquilos, paseos en barca por las lagunas, juegos, visitas al bosque que rodeaba al castillo donde clasificaron aves. Cierta noche, Clarimonda estaba sedienta y le preguntó cómo se proveían del elemento carmín para sobrevivir.
            -¿No has visto los cultivos en las catacumbas? Busca lo que quieras, querida.
Entonces era lo que ella había pensado, eran cuerpos de reserva, cultivados a su antojo para su consumo, como una gran despensa bajo tierra.
            Ella pensó cómo habían cambiado los tiempos desde que se despertara en su ataúd en el cementerio de la Abadía. Toda una cantidad de años y de adelantos.
            -No bajamos más al pueblo a buscar nuestro sustento, eso era un eterno problema; además, las miradas subían cada vez más desafiantes desde el bajo hasta nuestra casa. Decidimos realizar nuestro propio cultivo y fue una solución que hizo bien a todos. En todo caso, sabemos lo que consumimos –agregó en una sonrisa.
Al cabo de unos meses, bajaron nuevamente a las catacumbas; la excitación era ruidosa, el recurso estaba empezando a tener movimiento. Al ver a su Romualdo suspendido en el líquido, Clarimonda dio un grito. El cuerpo movía los dedos de la mano, esa era la primera señal de que estaba todo bien.
            -Todavía faltan otros desarrollos evolutivos, pero el que ya tenga movimientos es algo positivo. Regresaremos en unos días y veras la transformación de tu Romualdo.
 Cuando bajaron al cabo de un mes, el cuerpo estaba sobre una mesada, los tendones se terminaban de desarrollar y una leve piel cubría parte del torso.
            -¿Qué harás cuando esté listo? –preguntó el canoso.
            -Me lo llevaré a Venecia.
            -¿En qué época, en la actual? ¿Dónde todo se cuestiona?, ¿dónde no hay casi lugar para los vampiros?… ¿por qué no vuelves con él donde todo empezó? a 1836, a tu Palacio en Venecia y lo tendrás todo para ti –dijo, casi en soliloquio, a la vez que le enseñaba un tubo de cerámica vertical.
            -1836 -expresó Clarimonda- Venecia, mi Palacio Concini, nuestra cama, nuestra vida de enamorados, cómo quisiera rescatar todo ese tiempo perdido.
Tomó la mano de Peter y le dijo: Aun quiero encontrar a una vieja amiga que me robó en Londres algo muy preciado. Sé donde puedes encontrarla le contestó Peter. Después, después, ahora tengo algo más importante que hacer dijo ella.
***
            Romualdo se despertó de un salto, sofocado, con sudor en la frente. Un grito se le ahogó en la garganta.
            -¿Qué sucede amor mio? –preguntó Clarimonda a su lado.
            -Tuve un sueño donde tú…yo…ellos…
Clarimonda se impulsó sobre el cuerpo desnudo de Romualdo, besándolo, sedienta de su piel, oliendo la sangre correr por sus venas nuevamente. Lo recorrió como un animal en celo, le tomó de los cabellos y le susurró al oído.

            -Calma amado mío, estamos aquí, solos tú y yo, tranquilo, fue solo un sueño…